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EL CRISTIANO Y LA AUTORIDAD DEL ESTADO - Ro. 12:9 al 13:14

Autor: Rubén Salcedo
Publicado: 19/ago/2018
Categorias: Series de Estudios,Guía para alcanzar la Vida Eterna

 

TEMA: EL CRISTIANO Y LA AUTORIDAD DEL ESTADO.

LECTURA:  Ro. 12:9  al 13:14.

VIDEOS DE RAY VANDER LAAN. Primera parte: https://youtu.be/hKWmy_K8A74 - Segunda parte: https://youtu.be/2d6YlbuiYQw - Tercera parte: https://youtu.be/QLWnrrTfZnM

 

INTRODUCCIÓN:

         Hoy más que nunca tenemos que aplicar estos principios bíblicos en medio de una inimaginable y progresiva ola de persecución que se esconde bajo la falacia de “progresismo” en medio de nuestra sociedad argentina.

         Habíamos visto en el último sermón de esta serie que Vivir Bajo la Cruz significa que todos los aspectos de la Vida de la comunidad cristiana adquieren su forma y color sobre la base de ella. La Cruz nos induce a la adoración (disfrutamos de una celebración eucarística continua) y nos permite desarrollar una autoimagen equilibrada (de modo que aprendemos a conocernos a nosotros mismos y a entregarnos en servicio). También la Cruz dirige nuestra conducta en relación con los demás, incluidos nuestros enemigos...

         La Paz que Dios obtiene no es nunca una paz barata sino siempre costosa. Dios es por cierto el pacificador por excelencia para el mundo. Pero cuando resolvió hacer la reconciliación con nosotros, sus “enemigos”, los que nos habíamos rebelado contra él, Dios hizo la paz por medio de la sangre de la Cruz de Cristo (Col. 1:20). Reconciliarse con nosotros, y a nosotros con él, y reconciliar entre sí a los judíos, los gentiles y otros grupos mutuamente hostiles, le costó nada menos que la dolorosa vergüenza de la Cruz. No tenemos ningún derecho a esperar, por consiguiente, que podremos dedicarnos a la obra de la conciliación sin costo para nosotros. Y esto es igual que nuestra participación en la disputa como parte ofendedora u ofendida, o como una tercera persona deseosa de ayudar a los enemigos a hacerse amigos nuevamente...

            Con respecto a el perdón en la familia y en la Iglesia. El amor genuino puede enojarse, porque es hostil a todo lo que tengan o hagan los niños si es perjudicial para su bien supremo. La justicia sin misericordia es demasiado estricta; la misericordia sin justicia, demasiado indulgente. Los niños saben esto instintivamente. Tienen un sentido innato de ambas cosas...

         El mismo principio se aplica a la familia de la Iglesia. Ambos tipos de familia necesitan disciplina, y por la misma razón. Mas hoy en día la disciplina en la iglesia local es cosa rara, y donde se cumple, con frecuencia se administra torpemente. Las iglesias tienden a oscilar entre la extrema severidad que excomulga miembros por las ofensas más triviales y la extrema relajación que jamás siquiera reconviene a los que ofenden... La Palabra de Dios nos enseña la manera correcta de aplicarla conforme a Mt. 18.15 al 17...

         En cuanto al castigo del mal, según el Apóstol Pablo en Romanos, la primera manifestación del juicio divino está en el progresivo deterioro de una sociedad impía. Dios entrega a su descontrolada perversidad de mente y conducta a aquellos que deliberadamente sofocan su conocimiento de Dios y el bien, como lo declara en Ro. 1:18 al 32. Esa es una forma en que se desenvuelve la Ira de Dios. La segunda es por medio de los procesos Judiciales del estado, por cuanto el funcionario encargado de hacer cumplir la ley "es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo" (13.4)...

 

A. LA AUTORIDAD DEL ESTADO:

¿Cómo deberían los cristianos considerar al estado y su autoridad? Este es otro asunto desconcertante cuando buscamos relacionar la Cruz con el problema del mal. Analizando Romanos 13 tendría que ayudarnos a evitar ambos extremos de divinizarlo (afirmando que siempre tiene razón) o demonizarlo (afirmando que siempre está equivocado)...

         La actitud cristiana para con el estado tendría que ser más bien una actitud de respeto crítico...

         Veamos la enseñanza del Apóstol Pablo sobre la autoridad del estado bajo cuatro encabezamientos, tomando en cuenta su origen, el propósito para el cual ha sido establecida, los medios con los cuales debería ejercerse y el reconocimiento que se le debe acordar. En cada caso, según explica el apóstol, se impone una limitación a la autoridad del estado...

A.1- Origen:

         El origen de su autoridad es Dios. "Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios" (v. 1a). "Las [autoridades] que hay, por Dios han sido establecidas" (v. 1b). "De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste" (v. 2). Esta perspectiva ya estaba claramente especificada en el Antiguo Testamento (por ej. Jer. 27:5 y 6; Dn. 2:21; 4:17, 25, 32; 5:21; 7:27)...

         Sin embargo, no hemos de pensar en las funciones del estado en términos de “autoridad” solamente, sino también de “ministerio”. La “autoridad” parece ser una referencia genérica que podría incluir cualquier funcionario estatal, desde un policía hasta un juez. El apóstol afirme de la autoridad que "es servidor de Dios para tu bien" (v. 4a)...

         Además, "es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo" (v. 4b), y la razón por la cual hemos de pagar los impuestos es que los funcionarios son "servidores de Dios que atienden continuamente" la tarea de gobernar (v. 6)...

         Al mismo tiempo, el hecho de que la autoridad del estado ha sido delegada por Dios, y que por ello no es intrínseca sino derivada, significa que nunca debe ser absolutizada. El culto de adoración se le debe a Dios únicamente, y a su Cristo, quien es el Señor de todo principado y autoridad (Ef. 1:21-22) y “el soberano de los reyes de la tierra” (Ap. 1:5; cf 19:16). El estado debe ser respetado como una institución divina; pero acordarle nuestra lealtad en forma ciega e incondicional sería idolatría. Los cristianos primitivos se negaban a llamar “Señor” (Gr.: “Kyrios”) al César; ese título pertenecía sólo a Jesucristo...

A.2- Propósito:

         Dios le ha dado autoridad al estado con el propósito tanto de recompensar (y de este modo promover) el bien como de castigar (y de este modo refrenar) el mal. Por una parte, el estado “alaba” (expresa su aprobación) a los que hacen el bien (v. 3) -mediante los honores que concede a los ciudadanos destacados- y existe “para tu bien” (v. 4)...

         No se explica esta frase, pero con seguridad que abarca todos, los beneficios sociales del buen gobierno, que preserva la paz, mantiene la ley y el orden, protege los derechos humanos, promueve la justicia y se ocupa de los necesitados...

         No obstante, la doble función del estado exige un alto grado de discernimiento. Sólo el bien ha de ser recompensado, sólo el mal ha de ser castigado. No hay justificativo alguno aquí para la distribución arbitraria de favores o penalidades. Esto es así especialmente en relación con la imposición de la ley. En épocas de paz los inocentes deben ser protegidos, y en tiempos de guerra a los no combatientes se les debe garantizar inmunidad. La acción policial debe realizarse con criterio selectivo, y la Biblia invariablemente expresa su horror ante el derramamiento de sangre inocente...

A.3- Medios:

         Tercero, los medios por los cuales ejerce autoridad el estado deben ser controlados, ya que sus propósitos deben cumplirse con discernimiento. Con el fin de proteger a los inocentes y castigar a los culpables es evidente que a veces se hace necesario emplear la coerción...

         Autoridad implica poder, aunque tenemos que distinguir entre la violencia (el uso descontrolado e inescrupuloso del poder) y la fuerza (su uso controlado y escrupuloso para arrestar a los que obran mal, tenerlos en custodia, hacerlos juzgar y, si son culpables y se los sentencia, obligarlos a cumplir el castigo)...

         Siendo que el uso de la fuerza por el estado está estrictamente limitado al propósito para el cual le ha sido dada, su aplicación debe limitarse absolutamente a las personas individuales, es decir, a llevar delincuentes a la justicia.No es posible encontrar excusa alguna en Ro. 13 para las medidas represivas de un estado policial...

         En todas las naciones civilizadas tanto la policía como el ejército tienen instrucciones de usar “la fuerza mínima necesaria”, sólo la suficiente como para lograr su objetivo. En la guerra, la fuerza tiene que ser controlada a la vez que discriminada...

A.4- Reconocimiento:

         El cuarto aspecto que debemos considerar en cuanto a la autoridad del estado es el reconocimiento que le corresponde. Los ciudadanos han de “someterse” a las autoridades que gobiernan porque Dios las ha establecido (v. 1). En consecuencia, los que se “oponen” a ellas se oponen a Dios y serán juzgados por él (v. 2)...

         Empero, es necesario “someterse” no sólo para evitar el castigo sino también para mantener una buena conciencia (v. 5). ¿Qué es, pues, lo que se incluye en nuestra “sumisión”? Por cierto, hemos de cumplir las leyes (1a. P. 2:13) y pagar los impuestos (Ro. 13:6). Al mismo tiempo debemos orar por los gobernantes (1a. Ti. 2:1-2). El ej., los impuestos y las oraciones son importantes modos de alentar al estado a cumplir las responsabilidades que Dios le ha transferido...

         No obstante, tiene que haber límites para nuestra sumisión. Aunque (en teoría, según el propósito de Dios) "los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo" (Ro. 13.3), el Apóstol Pablo sabía que un procurador romano había condenado a Cristo Jesús a muerte; él mismo había sido víctima en alguna ocasión de la injusticia romana...

         ¿Qué deberían hacer los cristianos, entonces, si el estado hace mal uso de la autoridad dada por Dios? ¿Qué hacer si pervierte el ministerio también dado por Dios y comienza a promover  el mal y, en cambio, a castigar al que hace el bien? ¿Qué ocurre si el magistrado deja de ser ministro de Dios y se convierte en ministro del diablo, si persigue a la Iglesia en lugar de protegerla, y ejerce una autoridad malevolente derivada no de Dios sino del dragón (Ap. 13)? ¿Qué hacer, en ese caso?...

         Si bien no se nos exige una sumisión dócil, contestamos que aun en este caso los cristianos deberíamos respetar al estado perverso, así como los niños tienen que respetar a padres malos. El apóstol no alienta de ningún modo la existencia de gobiernos totalitarios. Tenemos el deber de criticar y protestar, agitar y hacer movilizaciones, e incluso (en situaciones extremas) resistir hasta el punto de desobedecer la ley. La desobediencia civil es, de hecho, un concepto bíblico utilizado particularmente por Daniel y sus amigos en el A. T. y por los apóstoles Pedro y Juan en el Nuevo (Ex. 1:15 al 21; Dn. 3:1 al 18; 6:1 al 14; Hch. 4:13 al 20)...

         El principio es claro. Por cuanto la autoridad del estado le ha sido dada por Dios, debemos someternos hasta el punto justo donde la obediencia al estado equivaldría a desobedecer a Dios. En ese punto, si el estado manda lo que Dios prohíbe, o prohíbe lo que Dios manda, desobedecemos al estado con el fin de obedecer a Dios. Como dijeron los apóstoles al Sanedrín: "Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres." (Hch. 5:29; cf. 4:19)...

B.- VENCER EL MAL CON EL BIEN:

         En nuestro breve estudio de estos dos últimos sermones sobre “La Cruz de Cristo” de Ro. 12 y 13, hemos considerado la necesidad de aborrecer al mal; hemos visto que no se debe tomar represalia aunque sí es preciso vencer el mal. Finalmente analizamos el castigo que corresponde al mal. Es preciso ahora armonizar estos asuntos...

         Hemos visto que el mal se debe tanto “no pagar” como “pagar”, según quién es el agente. Mas ¿cómo es posible a un mismo tiempo vencer (Ro. 12.21) el mal y castigarlo (13:4)? Esta es una pregunta muy difícil y apunta al centro mismo del debate entre los pacifistas cristianos y los teóricos de la “guerra Justa”...

         La mente cristiana se dirige de inmediato a la Cruz de Cristo Jesús, porque allí fueron reconciliados. Dios venció nuestra maldad y nos justificó sólo porque primero la había condenado en Cristo; nos redimió sólo porque primero pagó el precio del rescate. No venció al mal negándose a castigarlo sino recibiendo el castigo él mismo. En la Cruz, el mal humano fue castigado ya la vez vencido. Allí la misericordia y la justicia de Dios fueron ambas satisfechas...

         ¿Cómo, entonces, podemos armonizar estos dos aspectos en nuestra actitud hacia el mal en la actualidad? A la luz de la Cruz los cristianos no pueden aceptar ninguna actitud hacia el mal que eluda su castigo en un intento de vencerlo. Tampoco es posible castigar el mal sin procurar vencerlo...

         Por cierto que el estado, como agente de la Ira de DIOS, tiene que obrar como testigo de su justicia y castigar a los que obran mal. Pero los cristianos también quieren dar testimonio de la misericordia de Dios. Es una simplificación excesiva decir que los individuos se rigen por el amor en tanto que los estados lo hacen por la justicia. Los individuos no debieran ser indiferentes a la justicia, como tampoco la administración de justicia del estado debiera pasar por alto el amor al prójimo, que es el cumplimiento de la ley...

         Aún más, el estado no está obligado a exigir la pena más severa que permite la ley... Circunstancias atenuantes contribuirán a atemperar la justicia con el uso de la misericordia. Lo retributivo (castigo del que obra mal) y lo reformativo (su recuperación y rehabilitación) van de la mano, porque así el mal se castiga y se vence simultáneamente...

 

CONCLUSIÓN:

         En la Cruz, Dios exigió y a la vez sufrió la penalidad correspondiente al pecado. Simultáneamente castigó y venció el mal, y al haced?, desplegó y demostró su santo amor. El santo amor de la cruz debería ser lo que caracterice nuestra respuesta a los obradores del mal en nuestros días.(1)

¡S.D.G.!

 

BIBLIOGRAFÍA:

1.- LA CRUZ DE CRISTO. John Stott. Edit. Certeza. 1ra. Edición.

 


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